
El Olvido como Presencia Velada
Daniel Loa
La obra explora la tensión entre la memoria y el olvido a través de una materialidad que invita a la interacción y a la reflexión sobre lo que permanece y lo que desaparece. Mediante el uso de cortinas bordadas y la palabra “OLVIDO” pintada en la pared, la pieza se convierte en una metáfora visual de cómo el recuerdo y la ausencia coexisten en capas superpuestas.
El bordado sobre la cortina representa la persistencia de la memoria, inscrita con paciencia, como un acto de resistencia contra el tiempo. Sin embargo, esta memoria está fragmentada, a la vez visible y velada, pues la tela actúa como un umbral entre lo presente y lo oculto. Detrás de ella, la palabra “OLVIDO” se impone silenciosamente en la pared, una presencia latente que solo se revela al descorrer la barrera textil.
Aquí, la ausencia de memoria no es un vacío absoluto, sino una capa desplazada, una realidad oculta que sigue ahí, aunque no siempre sea percibida. La obra invita al espectador a participar en el acto de recordar o, por el contrario, a dejarse llevar por la comodidad de no mirar, de no atravesar el umbral de la memoria.
Instalación, performance y textil bordado
Medidas variables

Tótem 64000
Daniel Loa
Obra que explora la problemática de las construcciones en el centro de Monterrey. La pieza habla de la aparición repentina de edificaciones que desplazan a sus habitantes originales, transformando el espacio en un lugar para quienes no viven en el centro, y complica el transitarlo para aquellos que lo atraviesan día a día para realizar sus actividades.
Esta dinámica genera caos, ruido y dificulta la movilidad en la zona. La ciudad se muestra en un estado perpetuo de construcción, o mejor dicho, de destrucción constante, para dar paso a nuevas estructuras que, lejos de resolver los problemas existentes, se vuelven obsoletas rápidamente al no considerar a aquellos que, como en nuestra historia, resultan desplazados.
Video performance, textil y objeto recuperado.
2024

SIEMPRE
Daniel Loa
Es en el recuerdo latente que se acentúan las ausencias, aquello que dejó de estar, para ser reemplazado por un estado constante de algo que falta, algo que ya no está.
Miércoles por la tarde, camino a la iglesia con mamá y pasando a saludar a papá en su trabajo, recuerdos del polvo en mi cara al agacharme en la banqueta para gritarle por unas rendijas en la pared mientras pasábamos caminando. Cada cierto número de días podíamos disfrutar momentos juntos en familia, lo que más recuerdo es escuchar ese cassette las tardes de domingo, Rocío Dúrcal cantando sobre un amor eterno, eterno en la memoria, en el recuerdo.
Imágenes que se sobreponen y sonidos que se repiten, como un eco que se va distorsionando a la par que los recuerdos se deterioran, y se llenan los espacios con partes de historias que no siempre sabemos si realmente sucedieron.
Es eso lo que marca las ausencias en mi mente, un eco continuo de sonidos, imágenes que confunden las memorias sobre lo que recuerdo que sucedió, y lo que realmente viví.
Lugares que algunas vez habitamos, los sonidos que permanecen en el vacío, y la ausencia que es lo que se mantiene constante cuando dejamos de habitar los espacios, a las personas, los recuerdos.
Video e instalación
2023
Medidas variables

ENTRE HILVANES E HISTORIAS.
Daniel Loa
En sus inicios, la indumentaria cumplía un papel muy específico y para el que fue creada: cubrir el cuerpo de las inclemencias del entorno. Con el tiempo fue adquiriendo más funciones, al convertirse en un elemento diferenciador y comunicador social, al volverse una especie de código identificador dentro de un entorno en las distintas sociedades. Es en este sentido que podemos hablar de que lo que viste el sujeto es un signo directo de aquello que es, y de lo que no es, desde la clase social, cultural, profesión, gustos estéticos, musicales, ideologías, entre otros aspectos.
Pensar en la indumentaria como algo efímero o parte del mundo de la moda, es limitar su participación en la construcción de la identidad de una persona, grupo social o incluso una sociedad. Por ejemplo, la minifalda, que aparece en la segunda mitad de los años 20, y que se convirtió en un elemento de liberación, marcando un antes y un después, no únicamente en el mundo de la moda, sino en el pensamiento de una sociedad y el rol de la mujer en esa etapa de la historia.
Como seres humanos, buscamos mantener y conservar siempre y de algún modo, recuerdos y momentos de lo vivido, de quiénes fuimos y cómo nos construimos en el diario vivir. Para este proyecto, busqué desarrollar, a través de la transformación de prendas de vestir en retazos de tela, que representen algún momento especial o importante para distintas personas, intervenir sus retratos en papel fotográfico, deconstruyendo y formando nuevas imágenes que se “colorean” con los trozos de tela utilizados, que al mismo tiempo llevan en sí una carga histórica propia del sujeto fotografiado. Me gusta pensar que es a través de las prendas que nos descubrimos e identificamos en ciertos momentos de nuestra historia.
“Daniela Rodríguez, 1985”
2021.
Impresión digital en papel fotográfico intervenido con tela algodón e hilo.
11 x 14 pulgadas.